Desde que inició el boom de la inteligencia artificial generativa, se habló mucho de la relación entre los escritores y ChatGPT. ¿Percibís a esos sistemas como amenazantes?
No es el terror que me aqueja, a 24 años de comenzar el siglo XXI. Creo que los autores a los que concierne —tal vez en algún momento les concierne a todos— pero a los que les alcanza es a los autores mainstream, generalmente americanos o bestsellers. Esos que son empresas en sí mismos. Estuve viendo la lista de los que hicieron demandas en la justicia en Nueva York, en diferentes lugares de Estados Unidos, Margaret Atwood y muchos otros.
La discusión es célebre: el dilema de si es inspiración o si es plagio. Pero en todo caso se apela a la figura de copiar un modelo de lenguaje para aplicarlo. Obviamente, eso alcanza más a los autores más mainstream. Dicho esto, sucede también por supuesto con las artes gráficas, con la fotografía. Ha habido escándalos y polémicas con premios de fotografías diseñadas y armadas con inteligencia artificial. Entonces también se borraría o se vería amenazada de muerte la figura del autor, del fotógrafo, del pintor o del artista plástico, etcétera, porque alcanza a todas las artes.
¿A qué atribuís esta “muerte de la autoría”?
Me parece que es un destino funesto, que tiene que ver con la falta de inspiración. Otros siglos, todos los anteriores, han dado, en su singularidad, un arte único, una vanguardia única. Han reinventado el arte una y otra vez. Y pareciera que este siglo se está quedando sin aire, sin oxígeno, sin sangre de inspiración humana. Y bueno, recurre a la inteligencia artificial, a la copia de la copia de la copia de la copia hasta el infierno.
Me parece como un derivado, una deriva ideológica que va a tono con la época, que es copiar modelos, utilizar modelos establecidos, pero que no deja de tener una intención infame para el arte. La inteligencia artificial emula o copia los tics de los autores, de los artistas, de Borges, de Margaret Atwood o de Sam Shepard, o de Shakespeare o de quien sea. Que copia en las canciones, en las fotografías, y copia lo más burdo, copia el tic, copia el subrayado, lo más evidente, lo más sobresaliente, copia el exceso, casi hasta la burla. Y sí, obvio, pero eso no es el arte, eso es una copia, un plagio, la copia de la copia, no sé, es la doxa del arte. Obviamente una obra original es otra cosa y es producto de un sinfín de azares que son incalculables, me parece, por la tecnología.
En función de ello, ¿entonces la cuerda en relación entre los escritores y ChatGPT no estaría tan tensada? Digo, si se trata de copias burdas, entonces la amenaza no es fuerte.
No me da miedo que esto amenace verdaderamente al arte, porque toma otros caminos. En todo caso, serán los tics de los autores con estilo, pero eso nunca es el arte, el arte va por el lado opuesto, ¿no? Y por otro lado hay autores mainstream o bestseller que ya hacen eso sin necesidad de la inteligencia artificial. Que ya planifican su obra bajo estandartes convencionales, y de copia, y de estudios en marketing. Así que, en el caso ya existen autores que, sin necesidad de la tecnología, son ellos mismos inteligencias artificiales.
¿Qué vislumbras de aquí en adelante?
Yo no voy a estar viva, así que egoístamente no me importa cuando esto ya sea un escándalo a nivel que haya alcanzado a todas las artes y que las reemplace. Es un tema filosófico, ¿no? Reemplazar el alma humana, reemplazar la mente humana. Voy a decir una obviedad: escribir una obra es todo menos un cálculo, ¿no? Entonces es incalculable, por más de que se sofistiquen la tecnología, es incalculable. Imaginate qué se necesita para escribir una novela, ¿no? Haber vivido, haber viajado, haber visto, una cantidad de azares realmente incalculables.