Prime Video estrena en su plataforma El Circo de los muchachos, una nueva docuserie de cinco episodios que nos presenta una historia desconocida para muchos que, en lo personal, me ha parecido francamente interesante. Si quieres sumergirte en ella, sigue leyendo, pues traigo varios puntos clave sobre la misma que pueden animarte -o no- a darle una oportunidad.
Sobre ‘El Circo de los muchachos’
Elías León Siminiani es el responsable de traer esta docuserie original de la plataforma que ofrece un vistazo a nuestro pasado aunque, en esta ocasión, desde una perspectiva mucho más optimista en comparación a otros productos similares made in Spain.
Según su sinopsis oficial, la docuserie narra la increíble historia de la Ciudad de Los Muchachos, fundada por el padre Jesús Silva, conocido como “el Cura” que, junto a 15 muchachos, creó de la nada una ciudad y un proyecto educativo para chicos sin recursos en la España franquista de 1956 en Benposta, una finca en los arrabales de Ourense (Galicia). Silva creó una “nación de muchachos”, con moneda, pasaporte e incluso aduana propia, gobernada por niños, y con el beneplácito del gobierno e iglesia franquistas, donde en plena dictadura tenían procesos democráticos para elegir a sus alcaldes.
Con el paso del tiempo, Benposta se convirtió en una ciudad impregnada de arte, educación e ilusión y Silva fundó “El Circo de los Muchachos”, un fascinante espectáculo que recorrió el mundo impresionando al público con sus dotes circenses, llegando incluso a triunfar en el Grand Palais de París y el Madison Square Garden de Nueva York.
La Ciudad de los Muchachos atrajo la atención de sociólogos, pedagogos y expertos en arte de todo el mundo. Sin embargo, con el tiempo, fue salpicada por conflictos políticos externos e internos, teniéndose que enfrentar a polémicas y rebeliones que llevaron la gestión megalómana del padre Silva al declive.
Crítica
En un primer momento, El circo de los muchachos es una de esas series que prometen emocionarnos, y a decir verdad en ciertos momentos lo consigue. Parte de este impacto es posible gracias a un montaje dinámico que nos mete de lleno en una historia realmente interesante, como si un maestro que ama lo que hace nos guiara a través de un relato lleno de nostalgia, luces y sombras. Y es que esta docuserie va más allá de ser un simple repaso a un circo: hablamos de un tributo a un proyecto que, en su momento, representó mucho más. En medio de una España con escasas oportunidades, La ciudad de los muchachos se consolidó como un refugio, un espacio de creatividad y sueños para generaciones enteras. Pero, como ocurre con todo, no estuvo exento de contradicciones y polémicas.
Dicho esto, hay aspectos que terminan pesando demasiado en la experiencia general de visionado. Para empezar, el metraje. La serie se extiende durante cinco episodios de una hora cada uno, sintiéndose en su conjunto algo excesivo. Aunque estemos ante una historia que merezca ser contada, no consigue mantener un ritmo suficientemente sólido para mantenernos pegados a la pantalla de principio a fin. A ratos, la narrativa pierde fuerza, y se hace evidente que no siempre hay material que justifique cada minuto. Esto provoca momentos que parecen más un relleno que una aportación real al relato, algo que desinfla el interés del espectador.
Además, sentimos que algunas partes son guionizadas, casi como si quisieran manipular nuestra percepción o forzar una narrativa que, de por sí, ya es lo suficientemente fuerte. Cuando estos momentos aparecen, la autenticidad del relato se ve afectada y, con ello, se pierde parte de la conexión emocional que tan bien logra generar en sus primeros compaces.
A medida que avanza la serie, el interés va diluyéndose. La docuserie comienza fuerte, despertando admiración y hasta cierta nostalgia, pero poco a poco, el foco se va desviando hacia los aspectos más oscuros del caso y, sobre todo, hacia conflictos políticos que inevitablemente rodearon al Circo de los Muchachos. Aunque algunos puedan considerar que esto le da un necesario “equilibrio” a la narrativa, en mi caso, solo logró restarle encanto al conjunto. El problema es que, al centrarnos en estas controversias, la producción pierde esa chispa inicial que prometía algo más grande y genuino. Al llegar al final, me descubrí a mí mismo con el interés por los suelos y, francamente, con pocas ganas de terminar una historia que comenzó con tanta promesa y se transformó, a medida que avanzaba, en más de lo mismo.
El Circo de los Muchachos fue, en su momento, un proyecto único, y la serie logra transmitir algo de ese legado. Pero la La ciudad de los muchachos —que tanto sorprendió al mundo en su día— se ve opacada por la manera en que la narrativa se dispersa y pierde su objetivo principal. Una historia que debería haber brillado termina diluyéndose en repeticiones y desvíos. Si bien hablamos de una producción con mucho corazón, creo que no consigue mantener la fuerza necesaria para llegar al final con la misma intensidad con la que comenzó.