El calor no será el único factor ambiental que afecte el rendimiento de los jugadores en el Mundial. Los equipos que jueguen en dos de las ciudades sede de México deberán adaptarse a otro desafío: la altitud.

El estadio Azteca, en la Ciudad de México, se encuentra a más de 2.200 metros (7.300 pies (2.200 metros) sobre el nivel del mar, mientras que Guadalajara está a 1.566 metros (5.138 pies).

Los equipos visitantes que no estén acostumbrados a esas condiciones pueden tener dificultades por la fatiga.

“Las cosas se ven bien para México, tiene una ventaja grande que es ser anfitrión porque jugamos en el estadio Azteca con nuestra gente y en la altura”, comentó Mikel Arriola, el comisionado del fútbol mexicano, Mikel Arriola. “Es un escenario muy bueno”.

En México, aprovechar esa ventaja se considera clave para las posibilidades del equipo. No es casualidad que las mejores actuaciones del Tri en los mundiales se hayan dado en casa.

Vista del estadio Akron, sede del Mundial 2026, en Guadalajara, México, el jueves 16 de octubre de 2025. (AP Foto/Eduardo Verdugo)

La última vez que México fue anfitrión del torneo, en 1986, avanzó hasta los cuartos de final y finalmente cayó ante Alemania Occidental en una tanda de penales. Ese partido se jugó en Monterrey, donde la altitud no es un factor.

México enfrentará a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial el 11 de junio en el Azteca —al que la FIFA ha rebautizado como Estadio Ciudad de México durante el torneo— antes de enfrentar a Corea del Sur a las afueras de Guadalajara el 18 de junio. Disputará su último partido del Grupo A en la Ciudad de México el 24 de junio contra Chequia.

La altitud no será un factor en los partidos que se jueguen en Estados Unidos y Canadá. La ciudad sede de mayor altitud en Estados Unidos es Atlanta, con apenas 320 metros (1.050 pies) sobre el nivel del mar, mientras que el recinto más alto de Canadá está en Toronto, con apenas 76 metros (249 pies).

Dos maneras de lidiar con la altitud

Para que los atletas de élite rindan al máximo en altitud elevada, se requiere un periodo de adaptación para reducir la fatiga causada por la menor presión atmosférica y la menor disponibilidad de oxígeno.

“Se esperaría una aparición más rápida de la fatiga, frecuencias cardíacas más altas a cualquier intensidad de carrera determinada y una menor capacidad para sostener los esfuerzos de alta intensidad que definen al fútbol internacional moderno, incluidos los sprints, las acciones de presión y los cambios rápidos de ritmo”, explicó Sam Shepherd, jefe de ciencias del deporte de la empresa de nutrición deportiva Precision Fuel & Hydration.

Para mitigar el costo fisiológico del aire enrarecido, los científicos del deporte suelen recomendar dos enfoques opuestos: un periodo prolongado de aclimatación de al menos dos semanas, o el método de “llegar y salir” —arribar lo más cerca posible del inicio del partido antes de que aparezcan los síntomas agudos—.

Este último es el preferido por los equipos profesionales estadounidenses visitantes de la NBA, la MLB y la NFL, que de manera habitual aterrizan en la Ciudad de México el día anterior a un partido.

Sin embargo, para un torneo de un mes, la aclimatación a largo plazo se está convirtiendo en el estándar.

Sudáfrica eligió Pachuca, una ciudad situada aún más alto que la capital, a más de 2.500 metros (8.000 pies), como su campamento base, y llegó el martes pasado pese a retrasos iniciales con las visas.

Corea del Sur, que afronta dos partidos de la fase de grupos en Guadalajara, ha optado por un enfoque similar.

“Jugaremos a unos 1.600 metros (5.250 pies). Hemos tenido muy poca exposición a este entorno, así que consulté con expertos para determinar nuestras necesidades.”, dijo el técnico Hong Myung-bo. “Ahora tenemos planes detallados no solo para el entrenamiento, sino también para lo que ocurre fuera del campo durante nuestra estancia”.

Para prepararse, el plantel coreano ha estado concentrado desde el 18 de mayo a más de 4.300 pies (1.300 metros) en Salt Lake City, Utah.

Según Shepherd, eso puede marcar una diferencia significativa.

“Pasar de dos a tres semanas en altitud estimula al cuerpo a producir más glóbulos rojos y mejora la capacidad de transporte de oxígeno, lo que significa que los jugadores llegan con cierto grado de adaptación en lugar de experimentar todo el estrés ambiental agudo el día del partido”, dijo.

Colombia, que disputará su primer partido del Grupo K contra Uzbekistán el 17 de junio en la Ciudad de México, se ha estado preparando para el Mundial en Bogota, su capital de gran altitud, a 2.600 metros (8.600 pies) sobre el nivel del mar.

Su itinerario exige manejar grandes cambios de altitud y clima al pasar de la capital mexicana a Guadalajara y, finalmente, a la humedad al nivel del mar de Miami para cerrar la fase de grupos contra Portugal.

“Hay una adaptación fisiológica a la altura, a nosotros nos toca jugar en tres alturas distintas, de pasar a Ciudad de México, a Guadalajara y luego al llano y el calor de Miami, pero tenemos la experiencia de hacerlo en otras ocasiones”, indicó su técnico argentino Néstor Lorenzo. “Lo vamos a manejar con todas las herramientas que tenemos al alcance, la hidratación, la preparación, la oxigenación”.

Sin entrenamiento en altitud para los checos

Los checos estuvieron entre las últimas selecciones en clasificarse al Mundial a través de los playoffs europeos a finales de marzo. Su campamento base cerca de Dallas fue elegido por la FIFA y está a unos 180 metros (590 pies) sobre el nivel del mar.

Volarán directamente al aire enrarecido de Ciudad de México para un cierre de grupo de alto riesgo contra México el 24 de junio.

“No será lo ideal. Tendríamos que pasar un mes en ese entorno para adaptarnos, pero no hay tiempo para eso. Tenemos recomendaciones de expertos sobre cómo afrontarlo, pero no podemos afrontarlo al 100%, eso seguro”, señaló el seleccionador checo Miroslav Koubek tras anunciar su convocatoria el mes pasado.

El Mundial de 1970 en México fue un fiasco para Checoslovaquia, que dos décadas después se dividió en Chequia y Eslovaquia. El equipo perdió todos sus partidos de la fase de grupos —contra Brasil, Rumania e Inglaterra— y la falta de aclimatación a la altitud se consideró un factor que contribuyó.

“He estado pensando mucho en el clima y la altitud que nos esperan. He hablado con personas que visitaron esos lugares y jugaron allí. Será algo muy específico, una experiencia interesante”, dijo el zaguero chequio Tomáš Holeš. AP

Ver fuente

Por