Buscábamos un restaurante en Madrid para una escapada rápida. Una comida sin complicaciones antes de ir a ver el Circo del Sol. La idea era clara: un sitio que se pudiera reservar, con menú cerrado, a buen precio y donde se comiera bien, sin tener que pensar demasiado. Y ahí apareció el Restaurante Brutalista en Madrid.
Un sitio donde el postureo no manda. Aquí lo importante es lo que sale de cocina. El protagonista es el sabor.
El concepto del Restaurante Brutalista en Madrid
El concepto es el de una taberna moderna, contemporánea, con estética industrial, donde hay un hilo conductor bastante claro: el escabeche, trabajado de diferentes formas y con ciertos guiños viajeros.
En Brutalista no hay carta al uso. Manda el producto, manda el día a día y manda el mercado. Funcionan con varios menús degustación que te explican en mesa. El camarero te los va cantando y tú eliges, dentro de cada pase, las opciones que más te apetecen.
Las opciones de Menú
Tienen cuatro opciones de menú, y todos incluyen pan, aperitivo y postre. Además, no es necesario que todos los comensales pidan el mismo menú, algo que se agradece mucho porque da bastante libertad.
Los menús son:
- Menú Base: tres entrantes (37€)
- Menú Bruto: tres entrantes y un principal (51€) —que fue el que elegimos nosotros—
- Menú Base Especial: cinco entrantes (53€)
- Menú Bruto Especial: cinco entrantes y un principal (66€)
Precios que, para lo que se maneja en Madrid, están realmente bien.


Los platos que desfilaron por la mesa en nuestra visita al restaurante Brutalista en madrid
En mi caso, empecé con la ostra, aunque también vi pasar por la mesa platos como las navajas o la tosta de sardina, que tenían muy buena pinta.
Como segundo entrante elegí la papada escabechada, que estaba espectacular. También trabajan muy bien la casquería, con platos como la lengua o la oreja, que pidieron algunos de mis acompañantes y que tenían una pinta increíble. Lo mismo con los puerros, que también llamaban la atención.
Mi tercer entrante, y sin duda mi plato favorito, fue la pata y morro con garbanzos. Un plato muy intenso, con ese punto de escabeche tan marcado, con contraste y mucho sabor. Muy divertido.


Uno de mis hijos pidió la codorniz, uno de los platos icónicos del restaurante, que se sirve entera, frita, con un exterior que parecía muy crujiente y un interior meloso. De esos platos para comer con las manos y disfrutar.
También pasaron por la mesa el conejo en escabeche con alubias o la vichyssoise con alcachofas, todos en esa misma línea de cocina con personalidad.
Como principal elegí el solomillo de muflón, con la carne en un punto perfecto. También vi platos como el brioche de carrilleras o el rabo de toro con noodles y pak choi, que tenían muy buena pinta.
Los postres
En los postres, me llamó la atención la tarta de nueces pecanas, pero no me atreví por posibles alergias. Los chicos pidieron un postre con base de Pantera Rosa y crumble de galleta a elegir.
Yo fui a por el flan de Brutalista, de esos que están ahora tan de moda: muy cremoso, con textura sedosa. Estaba espectacular.


En definitiva, en Brutalista se come realmente bien. Me gustó mucho la experiencia y, sobre todo, me parece un sitio con una relación calidad-precio muy difícil de encontrar en Madrid.
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